Los pioneros en la escena punk angelina serían X, Germs y Weirdos. Toda una escena fragmentada no sólo por la violencia, sino también por la idiosincrasia personal de cada banda. Aquella escena no poseyó la precognición de Detroit, Cleveland o Nueva York, pero fue resolutiva y de desdeñoso marchamo.
Flamígeros esputos de dos minutos con la suficiente vehemencia para contener sino la verdad, si el éxtasis físico, ese estado de iluminación donde abandonar lo respetable o saludable. Esa transformación que por poco tiempo nos hace inmunes a ese invisible bienestar que paraliza al humano occidental de clase media, fermentado en la ociosa “angustia” de millones de coches de imponentes alerones y comida rápida, industria y disipación como conjunto indivisible del férreo capital.
El caos iletrado que facturaba la gran mayoría de estos combos sonaba primitivo, hiriente e ignorante, pero descifraba por momentos los códigos de la ingenua fantasía rock de destrucción y sublevación juvenil. Aquella broma privada atraería a mayoritariamente a basura blanca con ganas de gresca, también a homosexuales, izquierdistas y artistas, detonando en los alegóricos márgenes del mercantilismo.
Jóvenes con antorchas
Tracemos como punto de consolidación el festival que se hizo para salvar The Masque, celebrado en febrero de 1978 en Elks Lodge Hall. De aquellos grupos solamente Dickies conseguirían contrato multinacional y éxito en Inglaterra; aunque se les rinde pleitesía por su condición de Clásico, nunca han alcanzado la excelencia de sus homólogos británicos. Otros obtuvieron notoriedad fueron Fear: Lee Ving y sus chavales menudeaban con una gárrula e incorrecta versión del sonido L.A., con la suerte de tener a John Belushi entre sus fans y salir en la banda sonora de The Warriors. Sus aciertos “Living in the City” y destruir el plató de Saturday Night Live.
Más importantes fueron X, que operaban desde 1977 con el núcleo John Dale, Exene Cervenka, Billy Zoom y diversos baterías. No sería hasta la llegada del DJ Bonebrake en el 78 que grabarían su primer elepé Los Angeles (Slash), producido por Ray Manzarek. Fueron de los pocos en grabar un elepé y continuaron durante toda la década, aunque después de su segundo álbum, Wild Gift, fueran superfluos. Militantes en el escuadrón tradicionalista de la época, ese donde escupían The Gun Club, Flesheaters, Blasters y los Plugz de Better Luck, Los Angeles es rock´n´roll barato en su insolente clasicismo y la producción de Manzarek consigue sacar a relucir esa tensión sexual a dos voces. Su leyenda, cómo no, se ha visto magnificada con el tiempo y ya son materia obligada.
El incidente Avengers - estos eran de San Francisco - fue corto. Formados en 1977 por Penelope Houston y Danny Furious, a los que se unieron Greg Ingraham y más tarde Jimmy Wisley al bajo. Debutaron junto a The Nuns en el legendario Mabuhay y serían la primera referencia Dangerhouse a la que hay que añadir un single póstumo producido por Steve Jones. Su más sonado logro fue talonear a los Pistols en su último bolo en el Winterland. Su eufonía de marchamo británico, pero rabioso, melódico y volátil no ha perdido encanto.The Nuns, también de Frisco y formados en 1975, eran considerados superficialmente una traslación de Blondie. Su sonido, más inflexible, conjuntaba infeccioso punk y nueva-ola, siempre bien resuelta. Huyan de su producción posterior a su Homónimo primer álbum, vulgar heavy bubblegum.
The Germs, verdaderos epígonos del punk angelino, liderados por el iluminado Darby Cash, debutaron en What? Records con el sencillo “Forming/Sexboy”. Pero fue su segundo single “Lexicon Devil” en Slash, donde la epifanía proselitista deslumbraba. Su único elepé, (GI), es un sexual tratado de autovejación que continúa sobreexcitando y violentando. Monocromática mandanga, ridiculiza principios y esquemas y, aún pareciendo irrelevante, es capaz de dar una buena tunda que va transformándose en puro síndrome de Estocolmo. Joan Jett supo limarlos y centrar unas canciones que siguen sonando a excitación vandálica.
Tuvo mala suerte Derby Crash: el suicidio ritual con intento de mediatización durante un concierto llegó con retraso, a lo que se añadió su coincidencia con el asesinato de Lennon. Los tópicos golpean y Crash quedó como un trasunto de Sid Vicious norteamericano, pero a diferencia del británico, éste poseía una lírica que ofrece una guía de pagana autodestrucción.
Weirdos circulaban desde el 76, aunque no sería hasta la inclusión de Nicki Beat a la batería que toman forma. Sus dos primeros singles, “Destroy All Music” (Bomp) y “We Got the Neutron Bomb” (Dangerhouse), fueron su cumbre creativa, aunque más tarde vendrían los EP´s Who? When? Where? Why? y Action Design, ambos para Frontier. Su ditámbrico sonido procedía a partes iguales de la veneración por Captain Beefheart, el garaje psicodélico y el yonquisound neoyorquino. Mención aparte para la estética de la banda, bello accidente a toda velocidad entre colores, manual de instrucciones, op art y bruta abstracción consumista.
The Dils, cuatro años de vida y tres singles editados en What!? y Dangerhouse, fueron emparentados con los Clash por sus exhortaciones de guerrilla marxista y su rock´n´roll cinético, aunque nunca fueran tan definitivos como los británicos. El trío liderado por los hermanos Kinman practicaban canónico sonido Dangerhouse, menos en su último doble single Made in Canada, donde adelantaban su transfugismo al nuevo rock americano, al que posteriormente darían rienda suelta en Rank & File.
The Plugz era del East L.A, donde Tito Larriva y Chalo Quintana parieron una impoluta discografía. Debutaron en 1978 en formato single con Slash y pasaron, de un elepé a otro, del inmediato y certero punk a recontextualizar sus raíces en la desesperación que causaba el mercado laboral neoliberal. Su segundo álbum, Better Luck es una obra maestra de viscerales canciones Texmex y pos-punk cholo sin artificios intelectuales, macerado por la parte trasera de los vecindarios latinos.
Vom, formados por el tótem de la prensa rock´n´roll Richard Meltzer y también el crítico de rock Gregg Turner junto a Mike Metal Saunders, especulaban con los mandamientos pre-punk, lo que daba cuerpo a su inoperante magia. Sólo editarían el seminal Live at Surf City (White Noise).
Crime, de San Francisco, fueron mutación pos-New York Dolls al hipotético servicio del orden, pues iban vestidos de maderos. Su debut de 1976 “Hot Wire My Heart” es para algunos verdadera piedra roseta del encadenado Detroit-Cleveland-Nueva York, pues sus surcos resumen obstinadamente el detritus sónico de las tres emblemáticas tumbas de cemento. Su unidireccional pandemonio siempre poseyó un halo de psicodelia de bajo presupuesto, que el misterio envolvía en ruido aparentemente vulgar, pero su high energy habitaba en una personal república invisible. Tres singles y una demo son su legado original.
Extrarradio dimensional
La mayor parte de la escena punk experimental se focalizaba en San francisco, amamantada por el ocultista influjo de los Residents, Ralph Records, el pionero industrial norteamericano Monte Cazaza y los lacerantes robots de Mark Pauline. De allí saldrían Chrome, Units, Factrix o Nervous Gender. Reforma psicodélica y abuso de la electrónica europea, de carreras desiguales pero inspirador trazo. Los más longevos y recomendables fueron Chrome con una carrera hasta 1983 imbatible, trashumando astralmente al mismo tiempo diferentes épocas psicodélicas. Units, Nervous Gender, Voice Farm y Screamers eran calambrazo punk vía electrónica, glam residual como unos Roxy Music maníacos y obsesivos, sin la trasversidad posmoderna de éstos. Los primeros elepés de todos ellos son ejemplos de ardor punk traslado al hereje tecno-pop.Units conseguirían un posterior infrahit con “Normal Man”, girarían con OMD y grabarían para Epic su último álbum para desaparecer en 1984.
Nervous Gender languidecieron hasta la muerte de Gerardo Velázquez en 1990. Participaron en el recopilatorio Live Target y compartieron después disco con Belzebub Youth. Disponen de un psicotrónico vídeo en directo con un batería de siete años que sólo hace aumentar el extraño encanto de tan disfuncionales tonadas.
Los más tardíos Voice Farm mezclaban poesía automática con Suicide y garaje electrónico. Su elepé The World We Live In muestra vida inteligente que fue desgastándose hasta su separación en 1995.
Flipper desplegarían punk de conexiones psicodélicas, un crepuscular trip nihilista. Su celebre “Sex Bomb” es un diletante y monótono mantra de modernidad explosionando sobre si misma. Para entendernos, son la versión Hardcore, yonki e idiota del Metal Box de PIL. Sus exagerados banquetes tóxicos conectaban su paleolítica cacofonía con el más allá. Sus dos primeros discos imparten tóxica disciplina, y el ignorante zumbido de su primer álbum sigue resultando amenazador.
Urinals fueron fascinantes. Su urgente manual de art-rock facción Velvet Underground de micrósomica grandeza sigue magnetizando. Desenfadadas e insolentes melodías angulares de sonido desastroso que expedían oro de su frugal minimalismo. Kevin Barret, Kjhel Jonson y John Talley-Jones grabaron una trilogía de singles magistrales, canciones de dos acordes con melodías deficientes pero que sonaban sin el más mínimo cinismo, algo raro sólo reservado a unos pocos. Preciosas miniaturas de pre-escolar, sinfonías marcianas ínfimas pero con un poder sugestivo que los eleva a los altares del pop esotérico.
Screamers han visto reivindicado su histérico cortocircuito generado con sintetizadores: siguen sonando frescos y sin igualar por una nueva generación que le rinde pleitesía. Iban a ser los más grandes, pero se quedaron por el camino debido a unos egos enfrentados, alimentados en la ilusoria sensación de “nex big thing” que rodeaba a la banda. Abandonaron sin editar nada, pero sus discos piratas, que contienen directos y demos, desprenden telúrica radiación hormonal alterada y decadente. Se fueron abajo por algo tan vulgar como pasar de moda.
Flesheater invocaban fifties rock´n´roll penetrado por dislocado Hard-Bop y Funk. Su líder Chris D, escribía en Slash y Forced Exposure, amén de producir y editar discos con su sello Ruby Records. La quebrada poesía de Chris D atormenta neuróticamente como un navajazo en las tripas, fagocitando delincuencia juvenil, obsesión sexual y taras mentales. Recomendables su primer EP y sus dos posteriores elepés No Question Asked y A minute to Pray a Second to Die.
Los fugaces manifiestos de Minutemen, desarticulados bajo el influjo de Beefheart, corrían para explicarse. Indispensable guerrilla juvenil, todos sus discos son notables. Su música, indisoluble de su actitud, era libre y personal, sin olvidar un compromiso artístico y político igual de avasallador e instigador. El fallecimiento de su guitarrista y cantante aún se recuerda como cisma dramático del final de la generación SST. Quizás fueron la unidad adolescente más comprometida con su realidad; se enfrentaron a la monotonía vital haciendo de su banda su vida.
Rulas, patinetes y hits terminales
“This generation in vacation” de Shock o el otro “We got the Neutron Bomb” de los Controllers son dos dudosos himnos que elevan la mugre intelectual a la altura de arte puro, ése que a través de la irreflexión es capaz de concentrar conceptos, idead y actitud. Lo conciso del legado y la infértil imaginación de los coleccionistas les han añadido un prolijo caché. Controllers grabaron un segundo single, con sólo un miembro original, que contenía sus dos mejores canciones “Slow Boy/Do the Uganda” (Siamese). Shock comandados por su bajista Steve Reina, son olvidados héroes por culpa de la ley de la gravedad capitalista. Lanzaron dos singles, proverbial lluvia de navajazos de indolente punk y despectiva dicción. Se despidieron con segundo single de cándido acento británico.
The Rotters, formados por Nigel Nitro y Phester Swollen con la sana voluntad de molestar, ganaron notoriedad con su “Sit on my face Steve Nix”. Su siguiente single “Sink the whales, buy japanese goods” autoeditado como el primero, contenía desechos glam de confundida sexualidad.
Randoms, lo más parecido a una superbanda, eran Pat “Rand” Garret junto a K. K. Barret de Screamers y Jhon Doe de X. Su único single sólo merece la pena por la cara B “Let´s Get Ride of New York”.
Los tardíos Deadbeats, del productor Geza X, también parieron su single de fiable sonido Dangerhouse deconstruido.
Citemos a Skulls por su “Victims”, pedrada originalmente tallada en el legendario single recopilatorio de What? Records.
El Hardcore estalló durante el golpe de estado de la segunda generación punk californiana.
Middle Class tienen el honor de ser la primera banda en lanzar un single, su cinético “Out of Vogue”, en 1978. Un abreviado estruendo donde vocean su íntimo credo entre confusión y tartamuda autocrítica. A partir de ahí, una serie de descerebrados emitirían fogonazos con los que tener la mente en blanco y suspender la moral.
La violencia y la autohumillación se multiplicó y Black Flag la extendieron. Sus grabaciones con el maníaco Ron Chavo son lo mejor de la primera época, ya que su primer elepé Damaged, palidece frente al cruel azote de su discografía posterior, donde recreaban a los primeros Blue Oyster Cult y Black Sabbath con brutal proselitismo y el quimérico infierno estadounidense representado por palurdos, maderos y profesores.
Adolescents -cabecillas de la escena Hardcore/Punk de Orange County-, Circle Jercks y Agent Orange documentan en sus debuts rebelión palurda y el reconocimiento jerárquico de nuestro yo en los demás.
Rulas, patinetes y hits terminales
“This generation in vacation” de Shock o el otro “We got the Neutron Bomb” de los Controllers son dos dudosos himnos que elevan la mugre intelectual a la altura de arte puro, ése que a través de la irreflexión es capaz de concentrar conceptos, idead y actitud. Lo conciso del legado y la infértil imaginación de los coleccionistas les han añadido un prolijo caché. Controllers grabaron un segundo single, con sólo un miembro original, que contenía sus dos mejores canciones “Slow Boy/Do the Uganda” (Siamese). Shock comandados por su bajista Steve Reina, son olvidados héroes por culpa de la ley de la gravedad capitalista. Lanzaron dos singles, proverbial lluvia de navajazos de indolente punk y despectiva dicción. Se despidieron con segundo single de cándido acento británico.
The Rotters, formados por Nigel Nitro y Phester Swollen con la sana voluntad de molestar, ganaron notoriedad con su “Sit on my face Steve Nix”. Su siguiente single “Sink the whales, buy japanese goods” autoeditado como el primero, contenía desechos glam de confundida sexualidad.
Randoms, lo más parecido a una superbanda, eran Pat “Rand” Garret junto a K. K. Barret de Screamers y Jhon Doe de X. Su único single sólo merece la pena por la cara B “Let´s Get Ride of New York”.
Los tardíos Deadbeats, del productor Geza X, también parieron su single de fiable sonido Dangerhouse deconstruido.
Citemos a Skulls por su “Victims”, pedrada originalmente tallada en el legendario single recopilatorio de What? Records.
El Hardcore estalló durante el golpe de estado de la segunda generación punk californiana.
Middle Class tienen el honor de ser la primera banda en lanzar un single, su cinético “Out of Vogue”, en 1978. Un abreviado estruendo donde vocean su íntimo credo entre confusión y tartamuda autocrítica. A partir de ahí, una serie de descerebrados emitirían fogonazos con los que tener la mente en blanco y suspender la moral.
La violencia y la autohumillación se multiplicó y Black Flag la extendieron. Sus grabaciones con el maníaco Ron Chavo son lo mejor de la primera época, ya que su primer elepé Damaged, palidece frente al cruel azote de su discografía posterior, donde recreaban a los primeros Blue Oyster Cult y Black Sabbath con brutal proselitismo y el quimérico infierno estadounidense representado por palurdos, maderos y profesores.
Adolescents -cabecillas de la escena Hardcore/Punk de Orange County-, Circle Jercks y Agent Orange documentan en sus debuts rebelión palurda y el reconocimiento jerárquico de nuestro yo en los demás.



